Sequía y calor arrasan cosechas en Chiapas

Manuel Jiménez.

2 de agosto del 2026. Mientras el termómetro supera los 37 grados y el cielo se mantiene implacablemente despejado, los campos de Chiapas se vuelven polvo y desolación. La Canícula, ese período de calor extremo y lluvias ausentes que azota con fuerza el sureste mexicano, ya consumió las esperanzas de cosecha de cientos de familias campesinas. Y en medio de la emergencia, el silencio de las autoridades estatales se hace cada vez más ensordecedor.

La Alianza para el Desarrollo Social y Sustentable del Estado de Chiapas, que agrupa a productores de diversos municipios, ha dado la voz de alarma. Su representante legal, Ricardo Girón Girón, no ocultó su preocupación al constatar que las altas temperaturas han hecho prácticamente irreversible el daño en las parcelas de la organización. “Esperemos que Gobierno del Estado y Gobierno municipal puedan diseñar algún programa emergente, porque prácticamente la cosecha ya no se va a tener como se tenía planeado este año, ya se perdió lo de este año”, advirtió, con un tono que mezcla la urgencia con la resignación.

El golpe es especialmente cruel en la región de Los Altos, donde la Alianza tiene sus principales extensiones de cultivo de maíz y frijol, los dos pilares de la dieta básica mexicana. Girón Girón explicó que la producción ha caído tan abruptamente que los agricultores, ante la imposibilidad de cosechar para el mercado, han limitado sus siembras casi exclusivamente al autoconsumo familiar. “Estamos viendo cómo se esfuma el esfuerzo de todo un año”, lamentó el dirigente, quien además recordó con amargura el ocaso agrícola de la entidad: “Chiapas dejó de ser el granero del sureste hace muchos años”.

¿Por qué la Canícula es tan devastadora?

El fenómeno, que se presenta cada año entre julio y agosto, obedece a un cambio en los patrones atmosféricos. Los vientos alisios, al soplar con mayor intensidad desde el Este, impiden que se formen nubes de lluvia sobre el océano, lo que se traduce en una drástica reducción de precipitaciones en tierra firme. El resultado es una combinación letal para el campo: temperaturas que rebasan los 37 grados centígrados, cielos despejados y un calor sofocante que deshidrata los suelos y quema las plantas en pleno desarrollo.

Aunque Chiapas es uno de los estados más afectados, no está solo en esta tragedia climática. Cada año, otras 16 entidades federativas sufren los embates de la Canícula: Campeche, Colima, Guerrero, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tabasco, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Yucatán.

Mientras el fenómeno continúa su curso y las altas temperaturas no dan tregua, los campesinos chiapanecos miran al cielo esperando lluvias que no llegan y a las oficinas gubernamentales esperando respuestas que aún no aparecen. La pregunta que flota en el aire caliente es si las autoridades reaccionarán a tiempo para evitar que esta pérdida de cosechas se traduzca en un golpe irreparable a la seguridad alimentaria de las comunidades más vulnerables.

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