
Manuel Jiménez.
3 de agosto del 2026. Mientras el debate legislativo avanza en torno a la nueva Ley de Aguas, hay una realidad que se cuela por las rendijas de las estadísticas oficiales y se instala en la vida cotidiana de millones de personas: son los propios vecinos, organizados en comités, patronatos y asambleas, quienes mantienen vivo el acceso al agua potable en Chiapas. La Alianza Aguas Comunes ha puesto el dedo en la llaga al advertir que, sin un reconocimiento explícito a estos sistemas comunitarios, cualquier nueva ley estará condenada al fracaso técnico y a la injusticia social.
La cifra es reveladora: cerca de 2 millones de personas, es decir, una de cada tres chiapanecas y chiapanecos, dependen parcial o totalmente de la gestión comunitaria para obtener agua, ante la ausencia o deficiencia de los servicios públicos municipales, especialmente en zonas rurales y periurbanas. Este ejército silencioso de ciudadanos —que limpian pozos, reparan tuberías, organizan faenas y administran presupuestos mínimos— ha asumido durante décadas una responsabilidad que el Estado ha delegado de facto.
El análisis territorial de RED+AGUA Chiapas, coalición que integra a 19 organizaciones especializadas, echó por tierra las cifras maquilladas de la cobertura oficial. Mientras los censos del INEGI (2020) presumían un 89.4% de cobertura, la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024 revela que apenas el 47.3% de los hogares chiapanecos tiene una toma domiciliaria funcional. Más de la mitad de las viviendas no cuentan con el servicio en la llave. Y el drama se profundiza al constatar que solo el 41.2% recibe agua a diario.
En los municipios rurales e indígenas, donde la infraestructura pública es apenas un espejismo, la organización comunitaria no es una opción, sino la única vía de sobrevivencia. Son los propios vecinos, con herramientas rudimentarias y recursos escasos, quienes garantizan que el agua llegue a sus hogares.
La Alianza Aguas Comunes ha sido enfática: el gobierno no puede usar este esfuerzo colectivo como excusa para desentenderse de su obligación. “No se trata de trasladar la responsabilidad pública a la gente, sino de construir una corresponsabilidad real”, señalaron sus representantes. Por ello, exigen que la nueva Ley de Aguas no solo reconozca a estos sistemas comunitarios como actores estratégicos, sino que les asigne presupuesto, capacitación técnica y acompañamiento institucional.
“Hoy, más de un tercio de la población de Chiapas tiene agua gracias a la organización comunitaria. La nueva ley no puede ignorar esta realidad”, sentenciaron. La oportunidad está en la mesa: legislar no para invisibilizar el esfuerzo ciudadano, sino para convertirlo en política pública. No se trata de darles la espalda a quienes han sostenido el recurso vital, sino de caminar juntos hacia un futuro donde el agua sea, por fin, un derecho garantizado para todos.
Reporte Ciudadano Las Noticias de Chiapas al Minuto