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Lea la Columna En la Mira de Héctor Estrada

La creciente incertidumbre laboral en México
La falta de obra pública, el estancamiento de la economía y los recortes dentro de la estructura burocrática han generado un inevitable ambiente de incertidumbre laboral en México. Se trata del primer año de la nueva administración federal, y en muchas entidades también de cambio de administraciones estatales, cuyos programas de austeridad, reestructuración y reencauzamiento de recursos públicos mantienen a muchas familias bastante nerviosas. Apenas el pasado lunes el presidente de la república Andrés Manuel López Obrador anunció una nueva “sacudida” a la burocracia federal para 2020. Señaló que se trata de las medidas de seguimiento a la “Ley de Austeridad” que implicarán la desaparición de direcciones adjuntas en distintas dependencias y otros eslabones de la estructura gubernamental. Lo anterior se suma a la incertidumbre que hoy previa dentro de dependencias en proceso de extinción como el Seguro Popular, donde más de 10 mil trabajadores han iniciado movilizaciones para exigir certeza y garantías a su antigüedad laboral. Y es que, la información sobre el futuro de trabajadores como los del Seguro Popular llega “a cuentagotas” o simplemente se mantienen bajo los más altos niveles de discrecionalidad. Y la preocupación no es para menos. Perder el trabajo en las condiciones que actualmente atraviesa el país significa enfrentarse a un panorama bastante complejo. Y es que, de acuerdo a cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), durante el tercer trimestre de 2019 el índice de desempleo a nivel nacional aumentó a 3.6 por ciento, superando en 0.3 puntos porcentuales el registrado durante el mismo periodo del año pasado. En cifras concretas, entre julio y septiembre de 2019 se registraron cerca de 2.1 millones de mexicanos económicamente activos en situación de desempleo. Lo anterior tuvo también un efecto inevitable en las cifras de la informalidad laboral, representando un incremento del 1.8 por ciento. De esta manera, se contabilizó un total de 32.1 millones de mexicanos dentro de las estadísticas del trabajo informal. Hasta este mes de noviembre la industria del país acumuló un año de pérdidas consecutivas, con retrocesos de hasta doble dígito en algunos ramos de la construcción, textiles e industrias conexas; lo que ha confirmado que el sector productivo del país lleva 12 meses en recesión. El propio INEGI reportó que la Actividad Industrial registró un estancamiento mensual de 0.0% y una caída anual de 2% al cierre de septiembre pasado. El ramo de la construcción obtuvo los peores resultados con una pérdida mensual 2.1% y una contratación de 7.3% entre el noveno mes de 2018 y el mismo periodo de este año; la minería -en general- también registró resultados negativos; con un avance marginal de 0.1%; mientras las industrias manufactureras apenas mostraron una evolución mensual mínima de 0.6% y una anual de 0.1%. Hace sólo unos días la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) redujo su previsión de crecimiento para la economìa mexicana, pasando de 1% a 0.2%. En tanto para el promedio a nivel regional la proyección pasó de 0.5% a 0.1%, debido a la desaceleración en actualmente afecta a 17 de 20 países y al contexto global de tensiones comerciales e incertidumbre. El cúmulo de indicadores tienen efecto directo en las proyecciones de desarrollo económico, generación de empleos y bienestar social para México durante el año que viene. Se trata de indicadores que generan inevitable preocupación e incertidumbre en un sector poblacional que todavía no tiene claridad sobre el rumbo que tomará la economía nacional con el paso de la actual administración federal. Y no se trata de presentar “escenarios catastróficos o críticas bajo consigna ideológica” como algunos han querido reducir a las cifras y proyecciones de los organismos especializados, se trata de un realidad innegable que tiene ver con el profundo cambio de enfoque y operatividad dentro de la nueva administración pública federal, pero también con un contexto internacional económico en serias complicaciones globales. Los programas de la denominada “Cuarta Transformación” no han terminado de madurar y sus primeros efectos (negativos o positivos), podrán evaluarse a plenitud, según los expertos optimistas, hasta el tercer año de la administración. Mientras tanto, a Obrador y su gabinete no les quedará de otra que replantear algunas medidas temporales para, al menos, evitar nuevos descalabros en los índices de desempleo… así las cosas.
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