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Lea la columna: En la Mira de Héctor Estrada

¿Hasta cuándo el alto a la Mactumactzá?
Han pasado ocho meses desde que la actual secretaria de educación en Chiapas Rosa Aidé Domínguez Ochoa anunció el ultimátum a la Escuela Normal Rural Mactumactzá para “transformarse o desaparecer”, y la institución parece seguir secuestrada por los grupos de insurgencia estudiantil que durante años se han profesionalizado en la protesta pública violenta, lejos de la formación docente que se supondría debería estar dentro de las aulas escolares.  Apenas este fin de semana las agrupaciones estudiantiles de la Rural Mactumactzá protagonizaron un nuevo enfrentamiento contra elementos de la fuerza pública estatal. Se trata de un escenario que con el paso de los años se ha vuelto habitual en las inmediaciones de la institución educativa. Reiterados bloqueos viales y secuestros de camiones para exigir todo tipo de “pliego petitorio” se han vuelto la escena recurrente de todos los años. Sin la intención de generalizar, reconociendo la existencia de estudiantes que sí se avocan exclusivamente a su formación educativa dentro de dicha institución, la Rural Mactumactzá parece haber desvirtuado desde hace mucho tiempo su verdadera vocación pedagógica. El empoderamiento del consejo estudiantil ha secuestrado las aulas, el plan de estudios y la escuela misma, para convertirla en una adiestradora de grupos de choque e insurgencia estudiantil radical.  Poco ha quedado de aquella noble vocación formadora de docentes preparados para regresar a transformar sus propias comunidades desde la educación y el conocimiento. Ese fue el objetivo que dio origen a gran parte de las normales rurales en México. Esa es la verdadera visión revolucionaria que gestó el plan de estudios que ahora luce tergiversado y distorsionado por grupos que se han apoderado de las entrañas institucionales. Como ha sucedido con otros casos bastante conocidos, muchas de las escuelas normales rurales en México ya no responden a su vocación de origen. Se han extraviado con el paso de los años. Se han contaminado casi de manera irreversible para someterse a intereses ajenos a la formación pedagógica, colocando a la protesta vandálica como eje coyuntural de la “formación estudiantil” alterna. La Escuela Rural Mactumactzá, como otras tantas de su tipo, se ha convertido en instituciones donde la autoridad universitaria ha sido rebasada, maniatada, despojada del poder, expulsada y hasta impuesta por un “consejo estudiantil” sobreempoderado por la injerencia de aliados e intereses externos que han visto y utilizado a las insurgencia estudiantil como elemento para engordar sus propias “causas” e intereses. En esencia las normales rurales tiene de fondo una noble vocación que podría ser razón suficiente para su subsistencia, siempre y cuando sean sometidas a procesos de limpieza interna sin consideraciones. Y es que, sus propios antecedentes violentos parecen haber dejado prácticamente solas a las normales rurales en Chiapas, sin empatía popular o respaldo social. Llegó el momento de tomar decisiones, que otros decidieron postergar por miedo y conveniencia política, dejando que la problemática se hiciera más compleja. El cierre de dichas instituciones debería ser la última opción como parte de una medida urgente de “saneamiento” que erradique de una vez por todas a esos grupos vandálicos que hoy usan las causas estudiantiles sólo para legitimar sus arbitrariedades… así las cosas.
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