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Lea la columna: Artículo Único de Angel Mario Ksheratto

Majaderías del Estado fallido Los argumentos oficiales para negar el fracaso del Estado como garante de la estabilidad social, son frágiles, insustanciales, incoherentes e infundados; capitular frente a un enemigo, en teoría inferior en infraestructura militar y armamentista, es mostrar debilidad institucional y peor aún, exponer el prestigio y profesionalismo de las Fuerzas Armadas del país al escarnio, y declarar, tácitamente, una rendición precipitada que deja al pueblo de México en absoluta y arbitraria indefensión. El pretexto presidencial de “salvar vidas”, es solo eso: un pretexto burdo, increíble, pueril y por lo tanto, inadmisible frente al espíritu constitucional que obliga a los gobernantes —en primer término— a cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ésta se originan. En la práctica —e independientemente de quien se tratare el beneficiado de una acción extrajudicial—, renunciar a las facultades que la Ley impone a todo gobernante, es renunciar al Estado de Derecho y a todas las obligaciones inherentes al bienestar de todos los ciudadanos. El primer paso que la actual administración dio para empoderar al crimen organizado, fue anunciar “el fin de la guerra” contra ese ente, sin haber llevado a cabo un proceso mínimo de negociación transparente, ni haber analizado alternativas viables para la reincorporación de miembros de los cárteles a la vida productiva.     El primer síntoma de un Estado fallido, es la negación rotunda de esa condición. Francamente, no existe elemento alguno para negar que el Estado Mexicano, ha fallado; el solo hecho de incumplir con las facultades constitucionales, es prueba irrefutable de ello. Rendirse en plena batalla, es otra muestra incontestable. Pactar con el adversario, también. Por mucho que nieguen un pacto para la liberación de un detenido a cambio de rehenes y un alto al fuego, no se les puede creer. Hay que recordar al gobierno del presidente López que lo ocurrido en Culiacán, Sinaloa, tras la detención de uno de los hijos del Chapo Guzmán, reúne las características de un Estado fallido. Se perdió en control físico, no solo de Culiacán, sino de todo el estado de Sinaloa… Tamaulipas, Tabasco, Michoacán, Guanajuato, la Ciudad de México, Colima, Baja California, Chihuahua, Guerrero, Jalisco, Quintana Roo, Zacatecas, están bajo constante asedio de grupos armados irregulares, que han rebasado e infiltrado a las autoridades estatales, municipales y federales. El monopolio del Estado en esos estados, es nulo; lo tienen los cárteles. Otra característica que nos obliga a afirmar que el Estado es fallido, es la erosión de la legitimidad presidencial frente a la toma de decisiones de Estado. Cierto es que ha tomado algunas determinaciones, pero han sido erráticas y preocupantemente erradas. Hace unos días, en Michoacán, 14 policías fueron asesinados por un grupo armado; obligación del gobierno era suministrar asistencia militar a los emboscados. El socorro llegó cuando ya habían sido acribillados. Lo peor vino en el velatorio de las víctimas: los ataúdes fueron colocados sobre tabiques, ante la falta de dinero de las familias para velarlos con decoro y dignidad. Ausencia de servicios básicos, que caracterizan a un Estado fallido. Gran parte de la problemática en materia de seguridad (o mejor dicho, inseguridad), es la incapacidad de la Federación para interactuar con los estados de la república. Si hubiese un diálogo permanente, abierto y transparente entre el presidente y los gobernadores, quizá los daños directos y colaterales, fueran menores. O por lo menos, distintos. Por último, culpar a otros de las frustraciones propias, también define el fracaso del Estado. El estadista comprometido con su pueblo, no culpa al pasado, sino que aprende de éste, enfrenta el presente y prepara el futuro. No se trata de deslindar a los expresidentes y sus respectivos gabinetes. Si se corrompieron, si pactaron con el crimen organizado, si incumplieron la ley, ¡que se les castigue! Esa es característica de un Estado exitoso. Ya es tiempo de asumir responsabilidades; de actuar con seriedad. Es tiempo de dejar atrás el ominoso pasado de mentiras, engaños y simulaciones. Es tiempo de ponerse los pantaloncitos y hacer las cosas correctamente. ¡Ya basta de majaderías contra los mexicanos!   Transitorio La orden del presidente López Obrador a los miembros del gabinete de seguridad fue que no ocultasen nada de lo ocurrido en Culiacán… Pero se confundieron, se contradijeron, desmintieron, ratificaron, rectificaron, trabaron la lengua, utilizaron palabras inapropiadas, repartieron culpas, matizaron admisiones… ¡mintieron como demonitos!


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