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Lea la columna; En la Mira de Héctor Estrada

En México y el creciente rechazo al migrante ilegal

En México los migrantes “no son bienvenidos”, es una frase que se lee dolorosa, pero parece más apegada a la realizad que hoy enfrenta el fenómeno migratorio, sobre todo en la frontera sur del país donde miles de indocumentados ya no sólo tienen que sortear las complicaciones habituales de su paso irregular, sino también un creciente sentimiento de rechazo que perece indetenible y se robustece con los estigmas y el pasó de los meses.

La aparición de las caravanas migrantes cambiaron por completo la visión y percepción social del fenómeno migratorio en entidades como Chiapas. El habitual tránsito de indocumentados por territorio chiapaneco pasó de ser una realidad casi invisibilizada, debido a la indiferencia de las autoridades y la fragilidad de una frontera porosa, a un tema de prioridad en la agenda pública.

Lo que hay detrás del las abrumadoras migraciones masivas, denominadas “caravanas”, aún es demasiado incierto. Su repentina aparición y las sospechosas formas de organización al interior de los países centroamericanos han despertado suspicacias inevitables sobre los intereses de fondo que las mueven, más allá de la innegable crisis de violencia, pobreza y rezago que enfrentan desde hace muchos años.

Si la intención era sacudir a México y los Estados Unidos para colocar el tema de la migración ilegal como un asunto de prioridad en la agenda política, el objetivo parece haberse cumplido, por lo menos dentro del gobierno mexicano. Las masivas caravanas migratorias se han convertido en una excusa perfecta para justificar las exigencias de personajes como Donald Trump, a fin de elevar el asunto migratorio a un tema de seguridad nacional bilateral.

La inevitable psicosis generada por el sentimiento de una aparente invasión masiva hacia México, y consecuentemente a los Estados Unidos, se ha convertido en combustible puro para argumentar y reclamar el endurecimiento de las medidas de control migratorio en la frontera sur, dejando al gobierno de Estados Unidos en una conveniente posición, como si la responsabilidad absoluta del problema fuera del gobierno mexicano.

Y es que, las cosas se hicieron mal desde el comienzo. Se perdió el control de manera inmediata ante una desenfrenada masa que presionaba por su ingresos en lo límites fronterizos. La fragilidad de lo frontera sur mexicana quedó expuesta, sin capacidad de reacción y recobrar el orden. Se permitió un ingreso violento y descontrolado que terminó reventando constantemente en su trayecto hacia el norte de México.

Las imágenes de enfrentamientos, motines y migrantes “apoderándose” momentáneamente de espacios públicos, fuera de todo control por parte del estado mexicano, llenaron los medios de comunicación y las redes sociales, provocando sensaciones de orfandad, miedo e indignación, que finalmente se transformaron en un creciente sentimiento de repulsión.

Nunca antes se había respirado tanto rechazo hacia la migración ilegal en México. Lo que era un fenómeno prácticamente invisibilizado se convirtió en cuestión de meses en el “enemigo público” por excelencia, más allá de la ya añeja aberración hacia la clase política mexicana. Así lo demuestra la mas reciente encuesta realizada por el periódico El Universal sobre la percepción social respecto a tema migratorio.

Más del 60 por ciento de los encuestados aseguraron estar de acuerdo en que el gobierno impida el paso de quienes intenten ingresar a México sin documentos; el 44 por ciento se expresó a favor de detenerlos de manera inmediata; y sólo el nueve por ciento se dijo a favor de permitirles el libre transito, sin restricciones, hacía la frontera con Estados Unidos. De octubre de 2018 a junio del presente año muchos de los indicadores cambiaron de manera drástica (link encuesta: https://www.eluniversal.com.mx/nacion/mexicanos-quieren-que-se-impida-paso-de-migrantes)

México no sólo se ha vuelto un territorio hostil por sus circunstancias de transito, ahora también por el sentimiento de rechazo hacia el migrante ilegal y sus caravanas multitudinarias. No se requiere mayor investigación que respirar el día a día en los comentarios de pasillo y las redes sociales sobre ese sentimiento creciente. Hoy más que nunca los migrantes ilegales parecen “no ser bienvenidos” en México, elevando aún más su grado de vulnerabilidad.

López Obrador tiene en este tema su primer gran “talón de Aquiles”, con la oposición de un gran porcentaje de la población mexicana respecto a sus políticas de atención humanitaria desbordada. Sus objetivos de transcendencia internacional, incluso por encima de los intereses nacionales, han colocado muy pronto a Andrés Manuel en el lado contrario de esa gran mayoría que lo llevó a la presidencia y hoy le exige una postura completamente distinta a la asumida hasta ahora… así las cosas.

 

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