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Lea la columna; Artículo Único de Angel Mario Ksheratto

Un muerto más

Su vida fue trágica, como la de miles de muchachos y muchachas que viven sin ser vistos en las periferias de cualquier ciudad de México. Muy poco supo de su madre, de cuyo fin, tuvo distintas versiones: que había muerto al nacer él; que había abandonado a su padre para escapar de las golpizas. Que se había fugado con otro hombre o que seguía viva, trabajando en cualquier cantina.

Desde que tuvo memoria, supo que la señora que fungía de madre, era en realidad, su madrastra. Desde entonces, fue su víctima cotidiana. Recibía comida de vez en cuando y tuvo que acostumbrarse a dormir en una vieja hamaca colgada en el patio de la casa.

En la adolescencia, se rebeló a la tiranía de la mujer a la que, a pesar de los malos tratos, siempre llamó “mamá”. Le fue mal. Estuvo amarrado varios días a un árbol ante la mirada cómplice o quizá impotente, de su padre que, furtivamente, le llevaba algún vaso de agua y tortillas tiesas.

Tres años antes del desenlace final, Juan Valentín, recibió la noticia que le cambió la vida dramáticamente. El cuerpo de su padre fue encontrado en un lote baldío, en la colonia Xamaipak, de Tuxtla Gutiérrez. Restos del cráneo, fueron localizados meses después, cerca de donde sus asesinos, abandonaron el cuerpo.

Se refugió en el alcohol; cada borrachera era menguada a garrotazos por su madrastra y sus hermanas, quienes le azotaban sin clemencia durante horas. Muy eventualmente, intentaba defenderse con machete en mano, pero apenas se quedaba dormido, sus hermanas y madrastra, le amarraban y lo golpeaban por días.

El martes Santo, sus vecinos en la colonia “Manuel Velasco” —asentada en un terreno invadido ilegalmente sobre la reserva natural del Cañón del Sumidero—, no intentaron intervenir ante los gritos de Juan Valentín.

El diluvio de insultos y amenazas de Martha, su madrastra, los hizo desistir de acudir en ayuda de Juanito, como le decían. Tampoco intentaron llamar a la policía, porque desde hace unas semanas, los habitantes de esa colonia, tienen advertencia de desalojo, por vivir en un área protegida.

Desde ese día, Juan fue encerrado en un cuartucho de lámina y palos, bajo candado. En el patio, palos y piedras con sangre, yacían en el patio de la casa y sus hermanas y madrastra, siguieron su vida como si nada.

Los gritos de Juan pidiendo agua desde su encierro, fueron desoídos por vecinos y su disfuncional familia. Hasta el jueves por la tarde, dejó de escucharse. Rato después, su propia madrastra le encontró colgado de una viga dentro del cuchitril. Se había suicidado.

Entre cuchicheos, los vecinos sospechan que pudo haber muerto de hambre e inanición y su familia, le colgó para evitar consecuencias legales; otros, conjeturan que, para acallarlo, lo ahorcaron, sin más. Quienes vieron el cadáver, cuentan que estaba irreconocible. Su rostro, molido a palos.

En el velorio, la madrastra se desmayó varias veces, “de dolor”, cuentan entre risas y reproches. Aunque no era familiar de ninguno de sus vecinos, muchos piden justicia. “Que por lo menos, se investigue”, dicen. Y tienen razón. Si no le mataron materialmente, por lo menos, lo obligaron a hacerlo.

Como esa, abundan historias fatales en nuestras ciudades; nadie se interesa por lo que le pasa a los pobres. Juan Valentín, es un muerto más. ¿Qué importa su muerte a las autoridades? Le llevaron al SEMEFO, le enterraron y hasta ahí. Pudo haber sido asesinado. Pero a nadie importa. ¿Investigarán? No lo creo. ¿Usted cree que sí?

Transitorio

Las velas han sido colocadas en la capilla ardiente de Santo Domingo. La salida de Julián Nazar de la dirigencia del PRI, es inminente, nos dicen. De hecho, los aspirantes a la presidencia nacional de ese partido, han puesto como condición para competir, que antes de asumir, se limpie al instituto de malos dirigentes, especialmente de quienes perdieron las elecciones estatales.

Ello ha empezado a agitar las aguas; y se barajan nombres para sustituir a Nazar. Sobresale Manuel Sobrino, impulsado por grupos internos que se opusieron al actual. “Sangre nueva”, dicen en el vetusto partido, pero la verdad es que habrá que analizar que potencialidades tiene el pretenso. Otro que salta es Roberto Castellanos Domínguez, quien ya fue presidente de ese instituto. Una diputada de apellido Olvera, también ha sido apuntada por quienes dicen tener las perlas del marranito en las manos. Veremos.

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